Gonzáles Prada, gran pensador del Perú, dijo alguna vez: “juventud, divino tesoro”, en alusión, a la enorme tarea que tendrían que ejercer los jóvenes en nuestro país, luego de una infausta guerra, allá, en el lejano siglo XIX. Pues bien, cambiaré juventud por niños. Aunque no trato de darle el mismo significado de Gonzáles Prada, espero que se entienda la figura que trato de transmitir en esta corta crónica.
jueves, 16 de septiembre de 2021
viernes, 10 de septiembre de 2021
Recuerdos de épocas idas
Otro notable
sammarquino es uno de mis escritores favoritos. La primera vez que lo vi fue
por televisión cuando el novelista postulaba a la presidencia de
martes, 7 de septiembre de 2021
Las elecciones en San Marcos
Esta crónica la escribí hace ocho o nueve años, la transcribo tal cual la publiqué en una web:
Nuevamente hay
elecciones en
viernes, 3 de septiembre de 2021
La víctima del clima
Anteriormente escribí, en algunas crónicas, sobre el horrible calor que caracteriza a mi país por su ubicación en la zona ecuatorial, y como muchos deben saber, yo mismo renegaba de eso, no soportaba los rayos del sol y, precisamente, esas reacciones mías las narraba en algunos relatos. Pues bien, así, cuando aquí es verano y se deja sentir un insoportable calor por acción del “malvado” sol, en el invierno, como un antónimo a lo anterior, se siente un terrible frío. Pero antes de que empiece el entrañable invierno, sin ningún rastro del sol, ocurre una transición muy curiosa, que creo yo, sólo ocurre en mi país.
jueves, 2 de septiembre de 2021
La inquieta clase
Fui invitado a observa a unos alumnos del cuarto grado de primaria en una escuela muy prestigiosa de las muchas que existen en el centro de Lima (Perú). La tutora del salón me presentó y tuve que decir algunas palabras frente a mi juvenil publico que estaban (creo yo) ansiosos de escucharme. Mirando a cada uno de los rostros dije: “Hola a todos, cómo están jovencitos... ¿bien?” –Todos gritaron: ¡bieeeeeeeeeen!–, muy bien, ok, ya lo escuché –dije muy sorprendido y extendiendo los brazos para calmar a la multitud efeba que gritó a todo pulmón. Dejé a la tutora para que dictara su clase, me coloqué en la parte trasera del aula en una carpeta especialmente para mí. Desde allí pude observar todo lo que sucedía dentro del cuarto grado “A”.