He aquí mi testimonio de cómo conocí a don Alberto Químper, sanmarquino y descendiente de Bartolomé Herrera y José María Químper.
Antes de empezar, es imperativo advertir que aquí no trataré sobre cuestiones judiciales, o similares, solo me abocaré a mi experiencia durante la entrevista al doctor Químper, y sobre el mismo, tampoco daré detalles de la información que me otorgó, ya que ese contenido testimonial lo publicaré en mis trabajos de investigación desde diversas aristas que tratan sobre la historia de la Universidad de San Marcos, como todas las entrevistas que he realizado.
En importante también indicar que una investigación todas las fuentes son necesarias, por esa razón, al saber que el doctor Alberto Químper era estudiante de San Marcos en los años sesenta, y más, participe de los movimientos estudiantiles de entonces, me vi en la imperiosa necesidad de entrevistarlo porque su testimonio me serviría para mis trabajos.
Una vez conseguido el contacto, lo llamé a su casa para concertar una entrevista. Ya en el teléfono, le conté sobre mi interés de hacer un trabajo sobre la Universidad San Marcos en los años sesenta, y esto involucraba el testimonio de los alumnos de entonces. Le conté que había entrevistado a varios líderes estudiantiles. Le interesó la idea.
Por su puesto que antes de hacer la llamada lo pensé mucho, dudaba de que aceptara una entrevista, incluso no estaba seguro de que me atendería la llamada. Pero fue todo lo contrario, fue muy amable, abierto y receptivo. Cuando le di los nombres de mis entrevistados, en broma me dijo: "Pero falto yo".
Me citó en su estudio de abogados, en Paseo de la República. Al llegar, su secretaria me invito al despacho para esperarlo, me dijo que cuando converse con el doctor lo hiciera en voz alta porque tenía un problema en el oído, al parecer era una sordera. No paso más de un minuto y el doctor llegó extendiendo su mano y con una sonrisa: "¡Señor Núñez, que tal! ¿Usted es de Lima?" Y con ese saludo comenzó la conversación.
Hablamos de muchos temas, aunque en ratos era algo incomodo porque debí repetir las preguntas en voz alta para que me escuchara mejor. Durante la entrevista se mostró muy dicharachero. La entrevista duró una hora con veinte minutos. Me habló de Jorge Basadre; de Raúl Porras, profesor suyo, y de muchos más. Me contó cuando fue representante estudiantil en el Consejo de la Facultad de Letras de San Marcos entre otros momentos y anécdotas que estaré citando en mis trabajos. Me sorprendió cuando me dijo que era descendiente de Bartolomé Herrera y José María Químper.
En sí, debo volver a recalcar, que en un trabajo de investigación todas las fuentes son necesarias, y es menester del investigador ir a esas fuentes porque nos permitirán enriquecer o llenar los vacíos en el trabajo de investigación, ya sea para un artículo, ensayo, tesis o libro.
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