Historiadora, sociología, formada en las aulas de la universidad más importante del país, Wilma Derpich ha fallecido y aquí, mi recuerdo a una memorable mujer luchadora.
Fue en agosto del 2017 cuando tuve acceso al teléfono de Wilma Derpich. En ese entonces estaba buscando información sobre el movimiento estudiantil en la Universidad de San Marcos, y sabía que ella era parte de ese movimiento en los años sesenta. Sin embargo, no fue fácil tener una entrevista en la primera llamada.
La primera vez que la llamé me atendió. Me presenté y le pedí una entrevista sobre su paso por San Marcos. Ella me dijo que sí era posible, pero que en ese momento no podía por una dolencia en su columna. Me pidió que la llamara en un par de días para coordinar de nuevo.
Una semana después volví a llamar. Me dijo que había hecho bien en volver a llamar. Me dijo que su dolor continuaba, que era una dolencia que tenía desde muchos años, desde que era estudiante. Me pidió que por favor volviera a llamarla en unos días.
Por tercera vez llamé. Nuevamente fue ella quien me atendió. Me dijo que le agradaba mi insistencia, y que mi tema de investigación debía ser muy importante como para volver a llamarla. Le dije que sí, porque su testimonio era muy valioso para un trabajo de esa envergadura puesto que no se había hecho tomando en cuenta todas las entrevistas que estuve haciendo. Me pidió que la volviera a llamar en unos días porque su dolencia seguía y no podría conversar conmigo de manera adecuada.
Cuando volví a llamar me dijo si había entrevistado a otras personas. Le dije que sí, a varios en realidad. Le expliqué con detalle el tema que estaba desarrollando. Le pareció interesante y se disculpó por no realizar la entrevista en días pasados por la dolencia que tenía. Me dijo que volviera a llamar en unos días para ver si podíamos coordinar.
Llamé una vez más. De mi parte seguiría insistiendo hasta que me concediera la entrevista. Quizá era una prueba que ella hacía para todos los que le pedían este tipo de encuentros. En esa oportunidad me dijo que podía ir a verla la semana próxima y a tal hora. Habían pasado tres meses desde que la llamé por primera vez.
Era noviembre, y tras varias llamadas, al fin pude ir a la casa de Wilma Derpich para entrevistarla. Al llegar, me invito a su biblioteca y conversamos sobre San Marcos, me dijo que estaba realizando un artículo sobre uno de los trabajos de Jorge Basadre y que coincidía con la coyuntura política de entonces.
La conversación fue muy fluida, me dio muchos datos sobre San Marcos de los años sesenta. La entrevista duró poco más de dos horas. Conocí también a su esposo, el fotógrafo y docente sanmarquino Óscar Pacheco. Al retirarme, me dijo que si tuviera alguna duda, porque siempre hay lagunas que aparecen en la investigación y la redacción, podía volver a verla, solo debía llamarla y coordinar una fecha, y agregó, en broma, que esta vez no alargaría las llamadas.
Descanse en paz estimada doña Wilma Derpich, mi recuerdo de usted es de respeto y gratitud.
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