Esto lo escribí años atrás, lo vuelvo a compartir porque mantiene mucha actualidad...
Me apasiona el
periodismo. Desde que estuve cursando mi último año de educación secundaria ya
sentía dentro de mí cierto amor a la carrera de las ciencias de la
comunicación. Obviamente tuvieron que pasarme diversos sucesos para darle ese
cariño y de un momento a otro decidir instruirme y en un futuro cercano ejercer
la carrera de periodismo, específicamente el de reportero. Peligrosa y
arriesgada, pero a la vez noble y heroica la responsabilidad del periodista,
eran las consignas que uno debe afrontar y seguir. En mi temprana adolescencia,
allá por los años noventa, puntualmente el año de 1998, era adicto a los
programas de noticias. ¡Así es!, durante cuatro horas seguidas escuchaba y
prestaba atención a las noticias de cuatro programas periodísticos seguidos.
Pero lo que más me interesaba, era cómo los reporteros mostraban las noticias.
Quería ser como ellos, estar donde aparecía la noticia: un accidente
automovilístico, un asalto, altercados entre vecinos, pandillas, incendios,
etc, etc. Fueron tres las influencias externas que tuve para querer unirme a
esa legión de hombres y mujeres sedientos por mostrar los hechos y expresar la
verdad de forma objetiva.


